El comienzo y el fin de la música

La Pasión según San Mateo – J. S. Bach

“Esta semana he ido a escuchar tres veces la Pasión según San Mateo del divino Bach, y en cada una de ellas con el mismo sentimiento de máxima admiración. Una persona que —como yo— ha olvidado completamente el cristianismo, no puede evitar oírla como si se tratase de uno de los evangelios”. Friedrich Nietzsche cita

Un joven J. S. Bach. Fuente: wikipedia

A veces me imagino por un momento ser un humilde feligrés alemán del siglo XVIII, un aldeano cualquiera, un anónimo, un insignificante. De esos que acudirían religiosamente a la misa dominical. Un campesino preocupado por su cosecha, por sus decenas de hermanos e hijos, por su porvenir, por la muerte que acechaba en cualquier esquina: en simples infecciones o heridas, en plagas, en endodoncias primitivas o en enfermedades venéreas.

Iglesia de Santo Tomás de Leipzig o Thomaskirche en la actualidad. Fuente: wikipedia

A veces me imagino, más concretamente, ser un aldeano la tarde del Viernes Santo del 15 de abril de 1729, en Leipzig. Acudir, como buen luterano, a misa y por pura casualidad, por un churro cosmológico sin precendentes, presenciar en directo el estreno de La Pasión según San Mateo, dirigida por su compositor J.S. Bach. Presenciar durante más de tres horas una de las cumbres absolutas de la historia del arte, de la música; presenciar una apabullante lección de composición para la eternidad: de orquestación, de coherencia, de dominio casi ridículo del lenguaje musical, de la melodía, de los silencios,… Presenciar y escuchar el dolor, la fuerza, el amor, la rabia, la desolación, la alegría,… y cada una de las pasiones del ser humano. Enterrado en un banquito de madera de la iglesia de Santo Tomás de Leipzig. Quizá el aldeano nunca apreciaría lo cerca que estuvo de lo eterno.O quizá esa noche durmió sobrecogido abrazado a su señora. [Aquí un estupendo artículo sobre las iglesias de Bach, ¡¡ en español !!]

Manuscrito de La Pasión Según San Mateo. Sin ni siquiera atender a la música,...¡Que currazo y que maravillosa escritura!

Hasta el propio manuscrito es una obra maestra. ¡Que currazo y que escritura tan preciosa!

Composición, estreno y olvido

Bach era un tipo muy trabajador. Una hormiguita con un talento descomunal. Cada semana durante años compuso música para la misa de cada domingo. Repito: CADA SEMANA durante ciclos completos anuales, escribía música diferente para todas las partes del ordinario de la misa. Se sentaba un lunes a pensar y para el sábado ya el coro ensayaba con sus copias redactadas y a limpio. Absolutamente inimaginable hoy en día un trabajo tan dedicado y tan genial. Pero no le bastaba con eso. Además, de vez en cuando se metía en unos proyectos “un poco más ambiciosos”, como el que nos compete: representar la Pasión de Cristo en la Semana Santa. Mi mente mortal no puede concebir siquiera el trabajo intelectual de planificación y composición que supuso, sin dejar a un lado sus obligaciones diarias. Ya ni hablamos de la escritura, correcciones, revisiones, la ideas musicales, las innovaciones,…

En cualquier caso, finalmente Bach estrenó su gran proyecto. Y…¡sorpresa!:  no quedó para nada contento con resultado. Como buen cristiano, así lo hizo saber en alguna de sus cartas. “Únicamente 17 de los 54 miembros del coro han estado a la altura…” escribía el incomprendido genio en un memorándum al Consejo de la ciudad [aquí el resumen de la carta original] .

Muy pocos habían estado a la altura. La obra, representada “como se pudo”, incluso con menos instrumentos de los indicados en la partitura, cayó incomprensiblemente en el más triste olvido. Un trabajo tan inmenso, olvidado en un cajón. Lo cierto es que cuesta muchísimo imaginar una orquesta, 54 coristas, niños cantores y otros muchos solistas de aquella época (algunos, como dice Bach, de dudoso talento musical) intentado interpretar con cierta soltura una obra que hoy en día está al alcance de muy pocas mentes de directores, orquestas y coros profesionales. La música que estaba en la cabeza de Bach sin duda no era la que se oía en sus funciones, pero eso a él, supongo, le daba igual. Él escribía para Dios, o eso decía. El filósofo Emile Michel Cioran lo explica mucho mejor que yo:

“He dicho que Dios le debe todo a Bach. Sin Bach, Dios sería un personaje de tercera clase. La música de Bach es la única razón para pensar que el Universo no es un desastre total. Con Bach todo es profundo, real, nada es fingido. El compositor nos inspira sentimientos que no nos puede dar la literatura, porque Bach no tiene nada que ver con el lenguaje. Sin Bach yo sería un perfecto nihilista.”

Ahora sí. La imagen de un viejo Bach que todos conocemos. Fuente: wikipedia

Casualidad, pescado, y reestreno

Lo ocurrido posteriormente con La Pasión según San Mateo sin duda parece un guión de cine. Sucede muchas veces en la historia que, en descubrimientos claves la casualidad juega un papel crucial. Casi como un guiño del destino. Así ocurrió con esta majestuosa obra. Y así, de casualidad, entra en este relato el compositor Félix Mendelssohn (1809-1847) un siglo después. Cuenta la leyenda (con una más que probable gran licencia literaria) que el bueno de Félix, un joven judío alemán de 20 años, acudió una tarde de domingo al mercado de su ciudad, Berlín. Allí presenció como un pescadero (¿un posible emisario divino?) envolvía el pescado crudo en unas hojas de papel más tiesas y grandes de lo normal, llenas de garabatos. Estas hojas eran familiares para Mendelssohn, eran partituras.

Don Félix Mendelssohn, el descubridor casual romántico. Fuente: wikipedia

En un momento de lucidez histórico, siempre según la leyenda, compró todo el papel de que disponía aquel tendero y corrió a casa a ordenarlo. Luego se hizo con las partes que faltaban. Allí estaba ante sí: La Pasión según San Mateo, de J.S. Bach.

Si bien es más que probable que esto no ocurriese así, lo cierto es que debemos al joven Félix la conservación y revalorización de La Pasión. Durante meses se ocupó de “dar la lata” a su maestro C. F. Zelter para que le ayudase a representar la obra. Algo que éste consideraba inviable, imposible y caro. Felizmente el ímpetu de Mendelssohn se impuso y logró representar, nada más y nada menos que 100 años después, la Pasión. El 11 de marzo de 1829, exactamente un siglo después de su estreno, sin duda una fecha para la posteridad, se volvió a representar en Berlín la obra maestra de J. S. Bach.

Felix dirigió y arregló la orquesta y el resignado Zelter, los coros. El éxito fue tal que supuso la revalorización definitiva de Bach, hasta ese momento de la historia subestimado injusta e inexplicablemente por músicos y teóricos; a pesar de ser el padre musical de todos ellos, el más robusto pilar maestro de la música occidental. Bach había vuelto al altar donde pertenecía. En palabras del propio Mendelssohn:

“[..]Y pensar que se ha tenido a un actor y al hijo de un judío (Judensohn) para reanimar la mejor música cristiana para el mundo[…]”

El bueno de Carl F. Zelter. Fuente: wikipedia

Por supuesto el descubrimiento de la obra de Bach dio un empujoncito a la carrera de nuestro amigo Félix, pero para ser justos con él, se ha de decir que por si solo, su trabajo y su talento, tiene un lugar entre los grandes compositores románticos de la historia.

La Pasión según San Mateo

Ahora viene lo difícil. No se por dónde empezar para hablar de la grandeza de La Pasión como obra artística y musical. Posiblemente sea una misión imposible escribir un post sobre algo que hoy en día sigue dando para centenares de tesis. Puedo atreverme a dar un leve paseo por encima. Las dimensiones de La Pasión, además, muchas veces escapan de una explicación literaria y pasan al plano emocional y trascendental.

En el terreno de lo estrictamente técnico podemos decir que está escrita para una orquesta y coro dobles. Es decir, dos coros y una orquesta barroca con instrumentos doblados sonando muchas veces simultáneamente, ¡la invención del estéreo en las iglesias (y no es coña)!. Tengo que decir que la sensación estéreo de los coros respondiéndose es espectacular en una representación en directo y algo que no ocurre en ninguna otra obra del autor ni de contemporáneos a él. Además, un coro de niños en el centro refuerza la melodía soprano en algunos números.Como personajes aparecen los típicos de la pasión bíblica y algunos secundarios: Mateo, Jesús, Pedro, Pilato y su esposa, Judas, dos sirvientas, dos sacerdotes, Un sumo sacerdote y dos testigos (todo eso lo cantan 8 solitas, 4 de cada coro). Evidentemente, la trama es obvia: condena y muerte de Jesucristo. Por tanto el “libreto”, si así podemos llamarle, consta de la traducción de Martín Lutero (evidentemente) del evangelio de Mateo y corales luteranas varias y poesías de Picander.

Con el pretexto de contar la pasión y muerte de Jesús, Bach construye una obra musical colosal, llena de simbolismos y plagada de momentos de extraordinaria belleza, sobrecogimiento, triunfo o tristeza.

Todo cuadra en esta faraónica obra. Todo se sostiene. Las melodías de unas arias que parten de los motivos de otras, los tonos lúgubres cuando se habla de la muerte, la utilización de largas duraciones en las cuerdas para hablar de Jesús como Dios, los coros que se entremezclan en un momento sobrecogedor del libreto, los intervalos lánguidos y distantes en las partes lamentosas, los silencios (oh! ¡podría escribirse un tratado sobre la tensión de los silencios en esta obra!), la escritura coral deliciosamente armonizadas para los triunfos, los agudos en las partes más lumínicas, las texturas… Cualquier porción de esta obra colosal sigue siendo estudiado hoy en día en las clases de armonía y composición de los alumnos de los conservatorios, como ejemplo y paradigma de composición brillante que trasciende a su estilo y a su época. Además es un reto interpretativo muy exigente.

No se si me explico,.. no es solo que el texto cobre sentido a través de la música,…si no que la música sobrepasa al texto (algo peligroso cuando hablamos de textos sagrados en aquel tiempo), la música es divina, mucho más divina que la santa palabra. Es casi una demostración de poderío, un trabajo para la eternidad, como lo son muchas de sus obras. No obstante la obra fue tachada en su tiempo de frívola por muchos contemporáneos (ìncreible pero cierto). Reprochaban al viejo Bach haberse sobrepasado un poco, no había que disputar el trono a Dios de una manera tan descarada.

Hay numerosos números sublimes en La Pasión según San Mateo. De hecho, hay más de tres horas sublimes. Especialmente raro concebir algo así hoy en día, cuando estamos acostumbrados a admirar 3 o 4 canciones de toda la discografía de un grupo, cuando la buena comida suele servirse en platos pequeños de cantidades mínimas.

Aquí no hay rellenos, todo es genial, musicológica y artísticamente. No podría elegir qué es lo mejor para dejároslo como audición final. Pero por aquello de la web 2.0, la inmediatez y tal, pondré un pequeño número de tantos. Un aria para contralto. Déjalo todo y escucha. El director Jonathan Miller la describe así:

“Hay muchas partes que me sorprenden [de la Pasión], pero una en concreto siempre me emociona y siempre me preparo para ella, intento resistirla… o al menos me cubro la cara para que nadie vea que estoy llorando. Se trata del Erbarme dich. Desconozco el por qué de mi reacción. Tan solo con pensar en este aria se me llenan los ojos de lágrimas. No sé qué tiene que provoca tal reacción. Tiene que ver con lo que expresa: el momento en que te das cuenta de que te vas a traicionar a alguien y pasas toda esa noche de terrible locura. Finalmente lo haces, lo has hecho. Y lo único que te queda es pedir perdón. Es… la música con que eso está expresado. Ese…violín…


Erbarme dich, mein Gott,
Um meiner Záhren willen,
Schaue hier,
Herz und Auge Weint vor dir
bitterlich.
Erbarme dich!

Perdóname, Dios mio
advierte mi llanto.
Mira mi corazón
y mis ojos que lloran
amargamente ante Ti.
Perdóname

Eterno. A veces me sorprendo al escuchar las cosas que la gente “quiere hacer antes de morir”. Sus listas siempre están llenas de “viajar a Nepal” o “Hacer puenting”, con lo cerca que está a veces la belleza. Sentir la perfección, sentir que no estás solo en el dolor y la alegría de la vida. Escuchar Bach, escuchar al genio de los genios a través de su música. Eso es vivir.

Más porciones de paraíso:

El mítico número 27a: “So ist mein Jesus nun gefangen”
Un minuto excepcional: “Sind Blitze, Sind Donner in Wolken Verschwunden”
El “Geduld!”, increíble aria para tenor
Un coral espectacular de tantos
El maravilloso final de la obra
[me dejo muchísimas, no me acribilléis]

Otros enlaces
La Pasión según San Mateo completa [Karl Richter]
Documental completo sobre Bach [en español]
Espectacular artículo describiendo pormenorizadamente cada aria y recititativo de La Pasión [en español]